Saludos carnales, Ángel...
Ya los antiguos aliados se fueron.
Temo. ¡Cuánto temo, Ángel amigo,
que sus vacaciones sean perennes!
Todo por un ebrio beso.
Ya los esquizofrénicos augurios
de más allá del tiempo,
se resumieron al quizás de un invento
Y sobre los medanos inciertos
que no guardan secretos, que de tan viejos
los pierden con el viento;
solamente van quedando los versos:
ni míos, porque, de paso, no sé
¿si los pienso en su alma o en mi cuerpo los siento?.
Perdí la cualidad de sentir lo que sentías,
de vivir lo que no vivías
para poderte alertar de las mejorías
y de los secuestros de la ignorante rutina.
Ángel: ¡Amigo mío alejado de la vida!
¿Dónde consigo la manecilla del tiempo,
y doy cuerda hacia atrás, en contra
de su absurda voluntad, y te recuperó?
¿Sabrás algo de esto? ¿Tendrá tu abrazo
una lógica diferente a este miedo,
de que la realidad fría se coma al sueño?
Temo a tu adiós casi cierto, a que;
en el espacio infinito del fuego
queden sólo estos saludos carnales
no tengo instalada esa posibilidad ahorita, con cualquiera de mis nombres y apellidos estaré y seré con mi Sol