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Dejar cuando levemos anclas y vestidos,
alguna que otra risa en el camino,
que los amores que fueron alimento,
derramen dos perlitas en recuerdo.
Que las miradas de nuestra descendencia
revelen el origen que les dimos,
que el cielo nos espere o un dulce paraíso
pues las culpas conscientes ya fueron expiadas,
y las deudas se pagan con saldos e intereses
en cada recodo y en todas las esquinas
que hemos transitado por ésta, nuestra vida.
Ojalá que apaguemos las luces de a poquito
sin duros apagones, ni calvario, ni Cristo,
que la velita se esfume sin llorar, despacito,
desparramando cera cual tierna bendición
por todos los que amamos,
por los que nos quisieron,
por el bueno logrando mantenerlo perenne
trocando la maldad en un don solidario,
perdonando, limpiando, diluyendo,
evaporando, viajando, desintegrando,
creyendo, pacífico y valiente
desapareciendo.
Lili Frezza
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