Encontrarás mi sombra en agonía,
mientras que insomne anido en una estrella.
Y al evocar la suave melodía
de nuestro amor;… la oirás mucho más bella.

Fue una canción de petalar ardiente
que dediqué, cual viento que bautiza,
al viejo mar, al verbo y al poniente;
cuando embriague mi amor en tu sonrisa.

Recordarás la noche frutecida
de soledad, de paz y de promesas,
cuando sentí tu piel; y mi alma herida
resucitó su aliento en tu belleza.

Todo eso fue precioso como el alba,
cuando renace el sol tras el collado,
en lontananza azul; que al tiempo salva
de fenecer la luz del cielo amado.

Será mi amor, victoria, soplo y vida,
de perdurar mi voz y mi poema
dentro de ti, como ave bendecida
de eternidad… bajo tu sol que emblema.

Cómo un león de trapo o de peluche
guarda a mi amor debajo de tu almohada,
porque al orar cuando el Señor te escuche;
te besará… sonriente mi mirada.

Y sé morir, como los gavilanes
que al no volar se entierran en el suelo.
Te dejo mi alma y ruta de azafranes.
Duerme mi amor. ¡Te espero allá en el cielo!

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