Ruido

 

Me escucho demasiado.

Una granizada de graznidos de plomo

cae desde el caos de mis neuronas

y no deja que me mojen las miradas

que en silencio pronuncian tu nombre.

 

¡Tanto ruido!

Mi cabeza es una campana de hielo fraguada a gritos

contra la que los pétalos de tus dedos

se queman de frío

al roce con el pálido brillo

de la intemperie de mi frente.

 

Soy sordo y quiero ser más mudo que sordo.

Doy una palmada de huracán

y callo la boca a la legión de desesperados

que llevo tan adentro de la garganta.

 

Sobre alas de pájaro de azúcar

con un susurro de ternura

tus palabras al fin me alcanzan

y posan sobre mis labios

el beso húmedo de la paz.

 

Una amena sinfonía hiende su armonía

en el áspero valle de mi lastimada alma.

 

 

 

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