Rubíes Las montañas cubrieron el horizonte y taparon el sol con niebla. Siempre pensé que su luz sería eterna, nunca consideré el recorte de una noche sin luna llena. Las colinas que recorrimos, y las veces que me deslumbró de tus ojos el brillo, créeme no se borrarán con los años. Aunque pueda volar para ir por ti, sé que nada conseguirían mis manos, más lejos que las nubes, tan absurdo que me arde, quemaré los cielos hasta encontrarte; deja mis sueños perseguir la ilusión que creé por ti; deja mis piernas recorrer distancias que de mi memoria borraré. Los rubíes de mi sangre caen cálidos sobre las mantas de mi maldición. Gotean enriqueciendo mi destino, el tesoro más grande en mi camino. Quisiera ir a tu búsqueda pronto, pero hay fantasmas en cada sendero, me detienen mil manos, si tan sólo pudiera encontrar un atajo, si pudiera olvidar de la muerte su arco. Condenado pereceré bajo mis manos. Condenado pagaré con mi llanto. Cada noche se crea mi reflejo, apagado y oculto en el cielo. Cada amanecer aparecen de nuevo los relieves de un pasado sin regreso. ¿Viste el mural en la pared? ¿Te sentiste tan a su merced que su imagen te persigue como a su presa el tigre? Perdona si blando mi espada, la humildad no existe en esta casa. Que mi mano no vacila, prepara ya tu plegaria final, cierra los ojos y espera: yo me encargaré de terminar tu historia. Sobre roca se graban los recuerdos. Entre sangre nacen los pecados como los rubíes de mis puños, que manchan suelos derruidos. Se ha cortado el horizonte, se han oscurecido los montes, y todavía suspiro cada noche, pidiendo que algún día el sol retorne. Ágatha Mar, 2008