El amor de la mariposa y la pasión de la abeja, hacia el cáliz de la rosa, grandiosa, ruborosa, que da asilo a los olores, trasparentes colores, que a la luz languidecen y la noche crecen, ante la mañana radiante con su luz vivificante con el agua del río y con la noche que llora. Con la gota del rocío y el amor de la aurora les aprecia la noche y el día.
Rosas mías, rosas risueñas en los campos esmeraldas.
Vestidas con lujo opulento, arriba sus faldas, y son más puras que el aíre que va de vuelo, hermosas vestiduras son las de esas flores amadas mías, que son signos de amores entre el aíre balanceando su belleza desplegando.
Ahí viven las hermosas rosas que su calor sonría en el alma mía. Sodican