


| Escritor: | Andres_Adegan |
| Públicado: | 20/07/2007 |
Cielo, al principio
y al final de mí mismo,
mudo he inaudible en la gravedad de estar solo.
Los sentidos que por la ruta salvaje
envejecen sin fines crepusculares
ahogan toda creencia
como nocturno tu nombre
con las pinceladas de mi juventud tildando el cosmos.
En la tierra de todos
me descubro de amaneceres
cubierto con todos los cielos
hasta el Fénix de tus latidos quiméricos,
bebiéndome la inmensidad de un nacimiento,
sentado, en la antesala de vuestra paz
que encarnara la locura.
Transito alicaído,
buceando de noche en noche
hacia cualquier otra alegría,
mutando la apariencia única
por las laberínticas dimensiones de tu sangre,
descaminado,
fiel,
en el vértigo insufrible de cada beso tuyo.
Espíritu,
eternizado en todas tus libertades,
vociferas el azul vacío
mientras rebanas las venas de una mañana nueva e imaginaria.
Sueño,
y cada septiembre revienta en los jardínes del desastre universal, creador en nosotros,
al poniente de la magia que anemia tu mirada,
contemplando los lejanos aleteos de tus pájaros hechos de papel.
Sublimada, infinita en el silencio donde ya no te amo,
crezco de campanadas
al margen de verte liberada,
risueña, por donde te vea,
te corono de margaritas espirituáles, en el alba de mis lágrimas que deforman y forman tantos matices donde nadie ya me imagina,
para perpetuarme en el santuario de tu carne.
(La Jaula Mágica, 2007)
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