Como pocas veces,
lograste incitarme,
provocarme
y descolocarme.
Tomaste mi erotismo
con fuerza
e hiciste
un nudo con el.
Tocaste mis manos
y se transformaron
en gotas de sudor cálido
que recorrieron tu piel.
Mi carne dura y cálida,
fue por ti.
Tu sabor y tu aroma
revivió el reposar tranquilo
después de la erupción.
Como pocas veces me vi vencido,
rendido y derrotado
después de la lucha.
Nuestros cuerpos desnudos,
carniceros, quedaron
saciados de placer.
Me deje ser,
me entregue
en eterna tregua
a tus pasiones.
Soy tu esclavo y prisionero
no tengo ni quiero
voluntad ante ti.
|
Imprimir |
Enviar poema |
