


| Escritor: | albolivar88 |
| Públicado: | 11/03/2008 |
Está presente la agonía
en la pálida anatomía del reloj.
Dentro de su pecho de metales engranados
hay una arenisca
que muerde con dientes de cuarzo
las negras moléculas del tiempo,
esa materia blanda de la que ambos
estamos hechos.
Por eso, vida mía, debemos apresurarnos
antes de que a nuestros cuerpos
les roben el fuego y el placer.
Cógete de mi mano y rápido
extiende la alfombra mágica de tu cabello
y llévanos a la dulce selva de tu mirada de agua
donde nos ocultaremos en la copa del
árbol más espeso y alto. Allí reposaremos
en el frágil nido de tu belleza a salvo.
Únicamente allí
dejaremos de ser medidos
como cuentas de hueso
de un definitivo rosario en la tenebrosa mano
de la muerte,
únicamente allí
seremos voces nada más
que solo hablen de amor,
y labios y manos
entregados al gozo
de caricias y besos
igual que mariposas de un secreto huerto
de enardecidas flores.
Ya no te tememos reloj.
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