que sembrada estaba sobre aquellos hermosos parajes. Mangos, cotoperí, almendrones; y una fruta ácida y chiquita, que hacía saltar los corazones... La frondosidad de los samanes sombreaba mi camino, y entre los dulces trinos de los pajarillos silvestre, iba entonando ilusiones; cuentos de niños, sueño de mayores. Tendría doce años, que para aquel entonces son como siete de ahora. La inocencia brillaba como el sol que luminaba... Mis silbidos, mis canciones ...Por los caminos de Aragua y a las cuatro de la mañana, se oye una punta de ganado que viene de la sabana....(*) Y así proseguían los cantos, así era mi infancia... Y ¿ adónde iba? iba al encuentro del viejo
que en sus labores andaba;
era ilusión de muchacho
verle en susilla sentado
cuadrando los números, porque era Contable mi viejo, contable que a punta de lápiz los libros limpios llevaba Esos caminos andados dejaron surcos en mi alma, e indujeron al corazón hacerse sensible y humano; como una flor que se abre, como una nota lanzada y con un portal abierto para quien quiera adentrarlo Oh caminos de mi pueblo ¡cuánto recuerdo que llueven... sobre las falda de los ojos que ahora con llanto se mojan; como mojaba mis pies en el riachuelo oasis de mis esencias, recuerdos y muchachadas. (*) Conny Méndez , escritora y compositora venezolana