Quiero congelar este instante con tus manos en las mías, entrelazándose, conociéndose, descubriéndose.
Quiero permanecer así anclada en tu cuello, recorrerlo con mis labios, mezclarme con tu perfume.
Quisiera que esto dure, que no se lo apropie el tiempo, que la vida no se lo consuma.
Quiero permanecer atada a tu cuerpo, pegada a él, sintiendo como lates, sintiendo como respiras. Como tus ojos me recorren, percatarme de eso y dejar que lo hagas, que te apropies de mí, que me mantengas en tus brazos el tiempo que prefieras. Que se nos seque la boca, que los besos no se nos agoten aunque el aire falte. Llegar a ese punto climático de asfixia y sentir que voy muriendo en tu boca, que me dejo caer en tus manos, que la energía nos traspasa, nos enreda, nos trasciende.
Quiero perdurar este juego de miradas, estos ojos, tus ojos, tus gestos, esa forma de mirarme y romper con mi estabilidad, deshacer mis barreras, mis miedos, mis peros, mis quejas.
Quiero tenerte... ¡¿qué más?! Quiero tenerte otra vez así como ahora, no quiero que esto sea víctima de lo finito, de lo cíclico...
Quiero pensar, creer, sentir que esta vez no estoy soñando, que la realidad superó mis deseos, que tu estás aquí, y yo también. Estamos, agarrados de las manos, aprentándonos el cuerpo, besándonos incansablemente, matando las horas, la tarde, la rutina y la normalidad. Asesinando la soledad, las derrotas, el llanto. Renacieron, viviendo, queriéndonos... y es real, porque tú lo eres y porque yo lo soy.
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