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INTRODUCCIÓN
La velada había culminado.
El hombre con mirada de sueño; pero no de cansancio. Acosado por ese sueño que portan algunos héroes, comprendió finalmente que estaba solo. Miró al patrón de la milonga y le pidió lápiz y papel.
- Mire que estamos cerrando. Se viene el día-, le aseguró gravemente el dueño del boliche.
- Un momento, solamente un momento, patrón...
Y de un tirón se escribió esto:
TANGO
(I)
Todo día tiene su espera
la de la condenada noche
arribando con su vestido
aromada de fina muñeca.
(II)
No es lo mismo silbar un tango
que tenerte apretada en el paso
con los dedos en el hueco justo
donde tu espalda es continuidad
del anhelo húmedo al infinito.
Pa'que sepas morocha
nunca será igual
quedarse sentado escuchando
la orquesta y el tipo sombrío
que dice el rezongo de una vida
que abrazarte en la danza
mientras tu oído recibe el
"Afuera es noche y llueve tanto".
(III)
Prefiero la certeza
de saberme ángel y vampiro
atesorar contenida
en el baile circular del abrazo,
una pantera, lirio negro, aquella promesa
de que la mujer es el tango
que se ofrece y se desliza de puntillas
a entregarse indócil con sus frutos.
Que me amenace el día
con asesinar de un sol la noche.
Me importará más ganar tu roja boca,
aproximar la exacta dimensión
en el vibrar de tu cadera,
poniéndote a proa capitana,
señora de las velas del navío.
EPILOGO
Había que mirarlo al tipo.
Oblicuamente sentado con las piernas tan largas y estiradas.
¿ Qué podía hacer y a esa hora tan difusa de la mañana ?
Se calzó el sombrero enderezando el ala con un movimiento suave de los dedos. La mina era un recuerdo de las formas de mujer que abrazó al compás del tango.
Solo. Un universo de soledad era ahí sentado. Prendió un cigarrito, chasqueó la lengua sobre el paladar saboreando su disgusto, su bronca marrón de ausencia y se fue.
Los puñales de la claridad le aguardaban.
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