PROLOGO

Así se esparcieron en el camino

los rayos tenues del alba,

una parte de mi estaba fría,

la otra tu la calentabas.

 

Se arrastraba el sol sobre las piedras

recogiendo la negra madrugada,

tu mirada fija en la mía,

el sudor aún recorriendo nuestra espalda.

 

El horizonte desplegó el amanecer

en un cielo que apenas sangraba,

tranquilizamos poco a poco la respiración

que antes fue una tormenta desbocada.

 

Vuelve el aire caliente de la llanura

en los minutos lentos de la mañana,

otra vez se silencia la canción

que nuestros cuerpos desnudos hicieron palabra.

 

 

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