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Déjame en tu memoria tan solo un poco. Lo indispensable hasta que otra procure tu zona de confort. Procura no darle la espalda, podría notar la marca indeleble que imprimí con mi lengua en una tarde de mayo donde la lluvia goteaba sobre mi despedida.
No entierres mi cadáver demasiado hondo, tan vez convenga recordar mi tatuaje.
Hay un montón de perdones inútiles sobre mi meñique, que nunca dije, trozos de un arpegio disonante que no encontraron canciones donde posarse.
Esfuerzo vano este de olvidarte, me resisto a las disculpas, a este latir persistente del que cuelgan mis demonios y, finalmente, te doy las gracias.
Faltan miles de sapos por besar y, en cada beso, le haré un homenaje a las caricias que dejaste en el camino.
Ofrendo ahora mi último aliento, ajeno de noches fallidas.
Profecía cumplida, la mentira es un bicho de patas cortas, tarde o temprano yerra y cae sin necesidad de zancadillas.
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