Susana.
Has entrado en cada fibra de mi alma, en cada susurro de mi voz, en todas los órganos de mi cuerpo.
Tu música intoxica mis pensamientos, me envilece en millones de extrañas sinfonías perturbadas, en cientos de canciones malformadas.
Quieres,
Conducir mi alma al Seol, beber la sangre desde mis venas, abiertas y ofrecidas a un ciego sentimiento de humillación y entrega.
Trastornar mis recuerdos para hacerlos columnas de una arquitectura fúnebre; tumbas de un cementerio de corazones.
Sueñas,
Con un mar de algodón, y nubes de mármol; un sol de caricias. . . . una cuna de plata.
Una cárcel de papel, un verdugo con pechos y unos hermosos y bendecidos grillos de oro.
Con un prisionero drogado con perfumes de mastranto y manzanilla, inyecciones de seco café.
Susana,
Me erizas en una palabra, me sumerges en una tonada, me embrujas con un sueño.
Tuyo es mi amor, tuya es mi mente y cada retorcido gusano neuronal.
Tuyas son mis manos y mi cuerpo, todos mis miembros te pertenecen.
Susana,
Soy tuyo, pero mi vida y mi futuro no son negociables.
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