Poesía Gravitatoria
Cuando se nos hace piel un signo
mientras la voz es código entre los labios,
alma y tiempo se extravían
en lo profundo de nuestros sentidos.
Así, el provecho de medirnos
solo es posible como seres eternos,
alimentando el aliento de los sueños
en las alas inmortales de unos versos.
Allí podemos amar y sentirnos amados
sin el riesgo de ser heridos,
aunque bien vale el lance
a jugarnos la osadía
de desgajarnos desde un poema
que al dejarlo libremente caer
se hace beso sobre la carne.
©María Elena Ponce®