Poema para desesperar en una avenida

 

Inventar una voz que comience levemente sola
y devuelva a la garra de un águila
es hacer que mis párpados se cierren a la belleza de tus formas
y sólo lea mi diario
con una cruda mirada de resignación.
Nadie me dijo
qué profundidad tenía el río
donde nos ahogábamos alegremente
sin dudar de nuestra inmortalidad.
Garabatos entre tus piernas y almíbar en tus labios,
garabatos, tachadas palabras que se encuentran
y se vuelven a encontrar
en las muertes cotidianas
de mi propia muerte desempleada.

 

Paolo Astorga

www.paoloastorga.pe.kz

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