Heme aquí para revalidar mis sentimientos por ti o para
ser seducido por los barbitúricos de tu silencio y la energía nefasta de tu
rechazo.
Sentado frente a la ventana miró ascender la luna con
su rostro de drogadicto
Colgada del brazo de un quiróptero que ha surcado el
espacio entre dos estrellas con sus alas de lapislázuli.
Te imagino escondida tras una nube con el olor de la
canela y la nieve,
Que hostiga a las magnolias y a los alcaravanes
Mientras miro el sonrojo de la noche expandirse sobre
los diminutos espacios donde no estás cuando levanta la niebla su puño de
azafranes dormidos.
La vida accidentada de los calendarios se transforma
en paralelepípedos
Como inobjetables vencimientos de la transparencia de
los cristales
De pronto he sentido tus pasos, me convierto en
alambre o en brisa
Una hoja o una bacteria que acecha con su virulencia la
arena de la que está hecha la eternidad.
Proclamé mi amor por ti una noche cuando los relámpagos
herían las piedras de la oscuridad
Posé mis labios sobre tus dedos húmedos y blancos,
como los tallos de un lirio quebrado por el vendaval
Me asomé al valle de tus senos, donde anidaba la nebulosidad
de tus secretos glandulares y de tus sentimientos ya congelados como antiguos
cataclismos.
Pude ver tu amor debajo de los faroles como una línea,
como una ráfaga que provenía de las fronteras de lo irreal,
Y me erguí sobre las murallas del crepúsculo para
asomarme a tu ventana
tú estabas oculta tras los versos de un poeta
malherido por libélulas de fuego
Y el tungsteno de la fantasía mecido por una
cucharilla dentro de una taza con grietas.
Heme aquí otra vez para tomar tu mano, para incendiar
el palacete donde duermen los espectros que te raptan,
Tal vez pueda resistir la tentación de mirar tus ojos
vacíos si logro resumir el código genético de las estatuas y sus silencios y
del fósil del minotauro desenterrado por el roce de una palmera.
Ahora llegas seguida por una estela de diminutos
espacios de eternidad
Subes la escalera con tu paso sereno, respiras como
los hondos acantilados que exhuman rocío hacia una cordillera de nubes,
Intento decir las palabras ensayadas, pero la voz se
ha convertido en el frufrú de un encaje de metáforas
Y te desvaneces entre los objetos en desorden desde tu
partida
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