Crecí entre selvas y ríos
Y todo eso, se hizo con palabras,
Somos palabras no dirigidas al viento
Lo que descubro de ti es por tu voluntad
Amo de ti tu majestuosa arrogancia:
Óyeme, que otra medianoche se acerca:
Si te masturbas, me posees, porque ya
Y aún en lo lúdico, estamos,
Y no me pregunto si esto nos hará, o no, sufrir.
El día que fenece te perteneció.
Para CV
(Soy, para ti, Ariadne: aquella que ayudó a Teseo con sus tejidos a salir del laberinto)
|
Imprimir |
Enviar poema |
