Pintare la cueva que se esconde
en lo más profundo de la selva
en que la humedad y el calor
son aquellos reyes que alli reinan.
Cruzare el principio y fin del camino,
por esos luceros negros que imnotizan,
por el aire calido que apacigua el viaje,
por la comisura de sabor insaciable.
Al bajar la cuesta altas las montañas
suplen de pasión este largo viaje
meca que produce gran exitación
de querer poder abrazar el sol.
Recorriendo el llano encuentro la calma
de sentirme ser dueño del paisaje
al caer un segundo, luego levantarme
y seguir la jornada ya casi triunfante.
Se nubla el camino que se esta acercando
(parpadeo lento de la selva negra)
desesperación que ira culminando
cuando se consigue la gloriada tierra.
Humedad habita en su entrada,
un pincel sin calma ni piedad,
pintare lo oscuro y lo claro,
pintare toda su humedad.
Sin misericordia, sin mirar atras,
flecha de pincel que traspasara
el casto porton que no impedira
pintar la semilla que frutos tendra.
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