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PETALILLO BLANCO.
Tu mano muy suave, dentro la mía, hacían senderos bañados de sol; locos colores se disolvían, queridos senderos muy lejos ya, quedaron allí, allí donde estás.
Petalillo blanco de mi corazón; hoy lloro por verte y que lejos estás. En mi pecho dormida, besaba tu pelo, mojado de noche, hurgabas mi piel.
Las tardes aquellas, de risas tan plenas, que bello es tenerte, feliz era yo. Me duele la culpa de irme de ti, me duele la culpa de no darte más.
Frutilla lozana, hoy ardes por dentro, por fuera no ardes, el fuego pasó. Y siento muy dentro, muy dentro tu ardor, yo se que me piensas, como te pienso yo.
Las cosas suceden, que digo yo. Perdona te ruego, las culpas no mueren, tampoco el amor, tu eres tan tierna y quiero sentirte en mi último adiós; besando mi pelo bañado de luna y llames al viento, dormido en mi voz.
Para mi inolvidable ahijada Silvita,
en momentos muy dolorosos de su vida, hoy pertenecen a una página anterior.


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