Las tumbas de los santos han sido esmaltadas con chispas de oro y esmeraldas,
Sobre los promontorios de tierra los pétalos de las rosas parecen soles escarlatas.
Los pájaros se posan sobre las lápidas con su mirada de hierro,
Y la hierba se mece al compás de una rapsodia de viento del sur que llega con acordes de guitarra.
Los santos exhalan un olor a azucenas y menta
Sus cuerpos se mantienen intactos y sus ojos brillan en la oscuridad
Sobre sus pechos, colgado de un crucifijo de plata,
Cristo ha sido cubierto por el musgo de la eternidad.
Más allá, donde se levanta la muralla y el portón rechina mecido por el viento,
Donde ha crecido un árbol sin frutos cuyas hojas tienen forma de rostros,
Se encuentran los sepulcros de los vampiros
Con campanas atadas a las manos y láminas de cristal sobre los labios.
Bajo los pesados cúmulos de tierra, la noche es eterna
Los vampiros miran a los santos a través de prismáticos de hielo
Y ansían hincar sus colmillos en esos cuellos de mármol y aire de los mártires,
Para crear una raza de híbridos a medio camino entre el cielo y el infierno.
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