
Paseo 11
Me sentaba cada tarde hacia el Sur de la isla,me encontraba dentro de un cuartel decorado con gaviotas y veleros,y las almas de las cortinas metálicas resguardaban mis espaldas.El frío se hacía mi hermano de sangre, en un descalzado descanso, la presión de los pernos de los olvidos me ataba al atardecer de ese Febrero en Mallorca. Y gente. Gente en contacto con mis gestos polvorientos,entes perplejos por las acrobacias de mi quietud,ratoncillos melosos con risotadas germánicas,en tonos rosas, no mirando el sentido de mi pesar,de mi lejanía.En ese tiempo de frescores convalecientes,en este mundillo cercado por los terrones milenarios,entre dialectos y vientos polvorientos,mirando hacia el Sur del mundo,a mis pasados,al cuartel del alma despojado por el deseo de ser, de partir, de tener,y tener... ¿qué? Sed, sed de las hierbas de los días simples asoleado por el poniente, entre ramas y campanas, entre las caravanas que van y vienen,esa sed que me sacia el pensar, y me lleva a recordar mi presente. Y en este islote grisáceo, rapado por la historia, vuelvo al paseo nuevamente, al encuentro de lo que se escapa y que me llama, pero que desaparece. Aquí, en estas calles enrolladas de historia, el color de mis ojos se ennegrece día a día, y el pasar de las gaviotas me golpea soñando el horizonte del Pacífico,con mis temores de ayer y con mis amores de ese hoy, que galopan duro al encuentro con la versión revisada de esta alma desplumada. Aquí ya he estado,solitario mirando las cumbres,penachos de dolor lacerante,y como ayer, volveré a callar. El tranco me disimula, la praxis me protege, la velocidad de las condenas me angustia algo menos,y puedo, una vez más, despertar al ritmo de vocales amenazantes, y soy tremendo al componer mis ilusiones, de poder alcanzarme,y dejar atrás a tanta amenaza fémina de carne y huesoy correr hacia las cumbres de la sierra, convertir mis pesadillas en ángeles,y flotar por mis cuadrículas, con una suave sonrisa en mi pasaporte,al encuentro, con mi mirada pendiente en mis espaldas,y con el corazón hinchado por tanto que he vencido,en estas tierras, lejanas, extrañas,y, ahora, con algo de su sabor empaquetado para siempre.