Estás envuelta en llamas
Al final de una calle oscura,
Hedionda, mojada de orina fétida.
Me lanzas, a lo lejos, un llamado
A tu entrepierna negra y purulenta.
Caigo al piso fulminado por mi vientre
Que emprende crecer,
Se agitan; cabeza, manos, puño, uñas.
Sus costillas traspasan las mías.
Estás a mi lado, te siento derramando
Tu sangre negra.
La bebo lento, sucumbiendo de sed,
Mientras recuerdo que fuiste feliz
Que eres feliz.
Sufres espasmos violentos en el vientre,
Tu templo se ha derribado, y sólo es escombro,
Una roca furiosa que escupe alaridos,
Semen, mucho semen que se endúrese al alba
formando un pesebre de mi semen y tu leche.
El parásito sigue dentro de mí.
Pujo, pujo ..
El pene se hincha hasta reventar.
Las calles y tu cuerpo desnudo
Se engalanan de mi sangre caliente y nauseabunda
Una forma amorfa descansa silenciosa
Sobre aquel pesebre sacro.
Tú, lo acoges con el último esfuerzo de madre
Sacrificando uno de tus senos.
Yo, pienso que ya ha sido suficiente
Y te dejo con tu padre, tu hijo.
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