PARÁFRASIS DEL LIBRO

 

Oh, señor, si me besaras con besos de tu boca
Ardiente en fuego quedaría mi paladar
Sangrarían dulce sangre mis encías
Y serían como abejas en panal
Las ganas que mis labios tendrían
De tenerte más y más.

 

Porque mejores son tus amores que el vino,
Tu caricia en mi entrepierna
Es aceite derramado
Y lleno de olores suaves:
Abrázame y correremos
Colina abajo: y diré silentemente:
El señor me ha llevado a su cámara
Y en ella nos gozaremos.

 

Me has comprado en la mejor subasta:
Yegua aún sin domar
Y has puesto cadenas de plata entre mis ijares
Mientras apuras el yunque
Para hacerme la herrería.

 

Sientes el olor de nardo de mi piel,
Manojito de perejil, que reposa entre mis pechos,
Racimo de flores
De las viñas más allá de Gades, las más bellas.

 

Y me dirás: nada mía, hermosa mía,
Tus ojos se entrecierran, nuestro lecho es de flores
Y quiero cogerte allí
Sentirte gozosa y toda mía
Como lo soy yo.

 

Eres erguido como el lirio entre los espinos.
Como el manzano entre árboles silvestres.
Y su fruto, alto y señero
Es dulce y amargo al paladar:
Beberme sus sazones es mi deseo
Y sobre mí sentir bandera de posesión.

 

Aliméntame con pasas,
Confórtame con manzanas,
Porque estoy enferma de desearte y de no verte:
Quiero que tu brazo izquierdo esté en mi cabeza
Y tu derecho me abrace.
Y me digas: -Ven, levántate, amada mía, mujer,
Porque la lluvia se fue.

 

Prendiste mi corazón
Has apresado mi corazón
Con gargantilla de tu cuello
Me has atado
¡Cuán hemosos son estos amores,
Qué embriagadores!
Y tu olor es el de todas las ricas esoecias
Como panal de miel destilan
Una y otra vez
Tus labios, mi señor.

 

Miel y lengua hay debajo de tu lengua.

 

Y si duermo, mi corazón vela:
En el sueño, tu cuerpo es fino como el olo,
Tus cabellos, crespos o lisos sobre mi pecho desnudo
Y tus mejillas, floraciones de arrayán
Y destilas toto tú mirra fragante:
Todo tú eres deseable.

 

Tal es el que me escribe, el que me habla,
El que sueño y no conoce
A ésta, la más ardiente de las mujeres.
Soy tuya, te pertenezco.
Y te pertenezco en la escritura.

 

¿Algún día estaremos desnudos como el alba,
Esclarecidos de sol y ardorosos como la luna?

 

Tú eres el que amo, mi señor,
Y conmigo tienes tu alegría especial
Cada mañana.
Ven, dame la mano, elevémonos hasta el cielo,
Desde el aire veremos si han brotado las vides,
Si los granados están dulces, si las mandrágoras han dado olor,
Y te daré mis amores:
Boca a boca, sexo a sexo, te daré mis amores.

 

Ponme como un sello sobre ese pecho tuyo,
Ponme como lazo de azul en tu hombro,
Porque el amor es más fuerte que el amor
Y la ilusión, más que roca de fuego:
No habrá prohibiciones que nos separen,
Ni ríos que nos ahoguen.

 

Y, si fuera preciso, daremos nuestros bienes
Y nos lanzaremos al camino,
Porque torres y camino son los que yo amo
Y el que me desea
Ha de hallar la paz.

 

Nov. 2007

 

 

 

 

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