Siempre olías a fresias y a jazmines,
la suave caricia de una mano cansada.
Me regalaste tu ausencia
y yo no la quería...
pero igaul te marchaste en aquella mañana.
Siempre olías a fresias y a jazmines,
y esos ojos celestes, esa triste mirada.
Me regalaste tu adiós
y yo no lo quería...
pero aún sigo aquí, con un grito en mis entrañas
pidiéndote que vuelvas,
que recojas mi ama
los pedazos que quedan desde aquella mañana.
Siempre olías a fresias y a jazmines
y la sed de tu voz
para encontrar la calma.
Me regalaste tu vida
y yo no la quería...
porque a cambio de eso, me quedé sin nada.
y la d
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