Te escucho, pero de tu boca saltan las mismas palabras, que vi nacer ayer. Te oigo pero son las mismas palabras, que no dicen nada, los mismos silencios infantiles e infinitos que lo dicen todo, que lo sanan todo, que lo encierran todo. Son las mismas palabras, los mismos espacios vacíos, las mismas ausencias, las mismas torres oscuras. Te escucho, Te miro, Te entiendo, Pero prefiero, sentarme en las nubes, A escuchar a la sombras, A entender al céfiro, A mirar al mundo. Te oigo, pero no me oigo a mi, Por eso te dejo, Para salir a buscarme, Para encontrarme en lo oscuro