


| Escritor: | Natalia |
| Públicado: | 09/06/2007 |
Entendiendo que en la distancia de la más absoluta cobardía me he de encontrar, buscándote en los rincones tratando siempre de no encontrarte te pienso aunque no quiera. Y siendo no merecedora de tenerte por mi situación comprometedora de doble vertiente sigo pensándote.
El desconocido que te encierra es para mi una suerte de ternura, clasificándote equivocada quizás como un gran hombre. Y pretendiéndo tenerte acierto en que nunca nos tendremos. No soy más que una mujer enjaulada en las vaivenes de las relaciones del corazón que gozan ante la duda más descabellada de retenerte junto a mi siempre separados.
Te quiero y no sé por qué. O tal vez no te quiero y tampoco lo sé, pero para mi SOS, y ser para alguien implica compromisos casi inclumplibles, pero a la vez el placer de que tu nombre ronde en mi cabeza dando vueltas atolondradas y golpeando contra mi razón. La misma razón que me detiene y me paraliza para no avanzar, porque hay un mundo mucho más amplio, mucho mas ajeno, mucho más lejano, y es el mundo de mi noviazgo, de mi vida paralela a la tuya.
Y sin embargo y a falta de pruebas me atrevo a decir que aunque nunca nos robásemos un beso en la instancia más avanzada siempre algo de este cariño que nació sin darnos cuenta va a estar. Y aunque nuestro sentimiento, creo, recíproco sólo se limitase a las redes de la comunicación más sencilla (teléfono o Internet) el cariño siempre estará. No te debo nada, ni vos a mi, no te pido nada, ni vos a mi .y sin embargo nos queremos. Nos queremos con el cariño ingenuo y adolescente de chicos de 13 años, el más puro, el que escapa de la lujuria, el sexo o las pasiones para desplegarse en el latido del corazón, y no hay sentimiento más puro que el de adentro, aunque en el afuera HOY ni el roce de una mano nos una. Entonces es así como nos queremos, con el cariño que sólo la honestidad puede querer.
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