


| Escritor: | albolivar88 |
| Públicado: | 17/11/2008 |
Naciste en un mundo bronco
muy al sur
en el que valías tanto
como se te podía
pesar, contar o medir.
- ¿Cuántos kilos cargas sobre tus hombros?
- ¡100 y quién echa más!
- ¿Cuánto trabajas de sol a sol?
- ¡Hasta reventar!
- ¿Quién la tiene más larga o puede mear a más distancia?
- ¡Yo!
Solo así afirmabas ser un hombre
de verdad.
Tu vida era una tosca multiplicación
de menos por menos para ser
más
que nadie.
El entrenador y juez severo
de tus hazañas de atleta rural
era tu padre, mi abuelo.
El medía, contaba o pesaba
tu hombría ante los demás
para echarla en el serón
de la suya propia
irremediablemente venida a menos con la edad.
El te necesitaba macho como tú orgulloso de ti
a él.
Tanto te esforzaste por ser el que más
en todo
que hoy llevas colgada a la espalda
la medalla de oro de una hernia
descomunal
y por eso caminas con los pies a rastras.
Pero día a día compites altanero con la vida
sin dejarte amedrentar por su mirada de acero
burlando hígado y cerebro
con dos litros de vino
y emplastando tus pulmones
con el alquitrán de 40 cigarrillos
de tabaco negro.
Sin embargo ya no hay nadie
que sepa ni quiera aplaudir
de cuánto desafío temerario eres capaz.
Tu serón vacío ya tampoco se llena
con ningún músculo bravo
de tu único vástago varón.
Hoy solo podemos amarte
si hemos aprendido a perdonar.
Hoy solo me puedes amar
si me puedes perdonar.
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