Gracias a ti padre
hoy soy, hoy vivo, hoy respiro
porque sin tu semilla, nada soy.
Gracias por la fortaleza de tus manos,
esas que el día en que nací me tomaron con temor,
las que cuándo caigo ayudan a levantarme
y que día a día laboriosamente buscan mi sustento.
El joven que habitó en ti dio paso a un hombre
desde el mismo día que supiste de mi existencia.
Gracias por no abandonarme,
por la crianza que me has dado,
por ser mí amigo, mi hermano,
por querer para mi una vida llena de abundancia.
Aunque no llevo tu mismo ritmo
y no soy tan hábil como tú,
voy ansiosa tras tus pasos,
siguiendo tus sabias huellas,
para no equivocar el camino
que me dejas en tu andar