Ciudad-catacumba edificios altos chorreados de sangre, todo es miseria en los recovecos de una mente distorsionada, enajenada por el exilio, una bóveda llena de penurias, soy la plena soledad que engendró tu ausencia amor-odio, sangre-gozo, carroñero-amante, se apagan los violines como velas en la vagina de una tormenta, se apagan los salmos de los serafines como se apagan las vidas, de neonatos estrangulados por su propio cordón umbilical, que carencia, que pesar, se abren llagas en mis sentimientos, lloran mis manos, berrean mis piernas, que amarga es la pus que inunda el aire, y lo vuelve espeso al acto olfativo, como te extraño como quiero que vuelvas, pero, los muertos no escuchan, los muertos no sienten piedad que será de mí sin ti, sólo me queda esperar mi propia muerte.
Todavía intento sentirme bello y tuyo -estúpido obstinado, absurdo labor sin lucro-, todavía intento romper la nuez-destino, en el que el enigma de nuestra especie está contenido...