OH, TÚ, LA QUE LLEGAS DESDE LOS ABISMOS DEL TIEMPO.

Categoría(s): POEMA

¡Oh, tú, la que llegas desde los abismos del tiempo,

desde las órbitas del pasado, tú tocada con guirnaldas y zafiros,

Con el mismo rostro, con la misma mirada te presentas después de la tormenta, surges entre la bruma con una sonrisa blanca

 

Tú, que has puesto tus manos sobre mi cabeza y me has ungido con tu bálsamo y tu perfume, que me has vestido de oro y de lino

 

Mientras el cielo se abre y deja ver sus terribles criaturas

Con sus garras de diamante y sus fauces de fuego.

 

Has tomado el lugar mi madre, te has convertido en estrella

Como si de la selva de mis temores hubieras salido

Con una antorcha para hacer resplandecer las piedras del camino recortado por los árboles caídos.

 

¿Cuántas veces tu nombre fue escrito por una mano de arcángel en mis sueños?

 

Eres una rosa entre los cristales del vendaval

Que se levanta desde los agujeros donde se esconden mis temores.

 

Tú has atado tu barca a mi puerto y has descendido con flores en las manos.

 

Yo he esperado sentado durante siglos por verte rosada de aurora

 

Caminar sobre la arena de la playa sin orillas,

Bajo el rocío, entre los residuos del despertar de una luna dormida.

 

Tú has sido la canción y el sonido del arpa,

El canto del mineral oculto entre las raíces y los peñascos

Quise ser un hijo de tu emoción más profunda,

Pero un cardo se incrustó en mis arterias

Cuando tus párpados barrieron el paisaje después de una mirada.

 

Te obstinaste en levantarme un patíbulo entre la cristalería de tu sala,

en mecerme colgado de una cuerda sobre un álbum de fotografías,

Los cuervos esperaban suspendidos sobre los alambres del día.

 

Yo intenté marchare hasta encontrarme con los rebaños

Hasta saltar sobre las chispas de la fogata prendida por los peregrinos y el surco dejado por la pisada del trueno sobre la roca húmeda.

 

Dejé caer los clavos, glóbulos de mi sangre bullían sobre bajo el furor del equinoccio

e hiciste que mis brazos la buscaran


en tus manos y sobre tus mejillas.


Como si hubieras sido un brazalete


ceñida te llevé a mi pensamiento


cuando aspiré a mecer entre mis brazos


al hijo de los hombres.


Rosa pura, te obstinas en mi cruz


con clavos de diamante


y en cualquier movimiento


pierdes por cada pétalo una estrella.


Imán de mis deseos,


oh, tú fuente de sed encarnizada,


tierra de los rebaños,


tierra de las cosechas y las sombras.


Cambiaste mi sendero,


lo convertiste en olas sobre el mar


que se lleva mi proa solitaria


de un abismo a otro abismo.


Mis riberas se agrandan en la noche,


en las olas crecientes,


con tu consentimiento


se movió la marea del dolor,


y dónde están tus manos


para que hagan volver


las vías de la luz al aire oscuro?


Y dónde están tus dedos


para que en mi corona


delaten las espinas?


Y la cadera acostada en la hierba


que las plantas enlazan


y escuchan en tus senos el suspiro


del amor conquistado en la agonía?


Oh, tú, que cuando cruzas las praderas


haces estremecerse los follajes


y abrazas lo que encuentras


con una red caliente de frescura.


Tú que escuchas, sacándote del pecho


parte de tu vestido


que con el fuego de tu boca besas


y tomas con tus manos suavemente


el desierto del tiempo atravesado


por halcones, arenas y cenizas,


a los que el viento entrega


una apariencia que no tiene rostro ?


Vas extraviada del mundo y su camino


como flecha sin rumbo


y se hizo tu belleza


sólo para engañarme,


Pero, por qué no fuiste vencedora


de aquel destino que acechó tu ser,


no. supiste crear en su camino


aquel odio que lo derribaría.


Levanta de la tierra tus orejas!


En esta hora nocturna te reclamo


para que escuches tú, la inolvidada,


mi maldición ardiente!

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