Mi destino
está escrito en un viejo folio escondido en un ánfora.
Antiguos arúspices de épocas olvidadas vieron mi rostro entre las cenizas
Mientras
un relámpago construía carreteras eléctricas sobre un campanario.
Mi sino
será un resplandor entre las nubes, un silencio repentino
Mientras
una bandada de gaviotas vuela hacia los límites del día
Y el
corazón secreto de la mujer amada se incinera allá a lo lejos.
Encontré
este legajo una noche entre viejas crónicas polvorientas
Pude
ver mi nombre escrito con tinta escarlata
Sobre
una cruz de azufre erguida sobre un cerro.
No siento
odio en mi corazón por el miedo ni por la ausencia
Se que
volaré hacia lo infinito y contemplaré el rostro de las estrellas
Antes
de sumergirme en una eternidad de agua bordada de medusas.
Subí
hasta los cielos para grabar el nombre de mi patria
Sobre
la bóveda donde los colosales dioses han colgado los planetas
Y dibujado
corolas de luz en las fronteras siderales.
Pero
el mar será mi tumba. Allí encontraré un festival de algas
Amenizado
por la bullaranga de los corales y la embriaguez de los delfines
Al compás
de la dulce flauta de las anémonas.
Será
el mar mi sepulcro y los alevines germinarán en mis ojos vacíos
Y no
será borrado el gesto de sorpresa de mi rostro
Cuando
el abismo se abra como un depredador voraz.
Al final,
veré los colores del cielo a través del espejo de las aguas
El azul
será tan intenso como la borrasca de arena ante mis ojos
En ese
último momento antes de cerrar la escotilla y decir adiós.
|
Imprimir |
Enviar poema |
