OCASIONES

En ocasiones he soñado con el cielo y he premeditado volar hacia las montañas del ocaso, para observar la caída de tu sombra. En ocasiones he mirado por tu ventana y ha aparecido ante mis ojos la lúgubre sonrisa de tu amanecer. Claro, yo sólo tengo permitido escrutar el pasado de tus rondas y estar presente, por destellos, en los espesos follajes de tu primavera amarilla, venida de innombrables senderos, cruzándose en la mente de los eternos miradores de esperanzas que yacen en tu insostenible memoria; la misma que se pasea cada noche en el balcón de los recuerdos, para programar las visitas pretéritas de tu infancia detenida por los caprichos de la lujuria, y el abandono silente de los distraídos espejos.

Aquí todos los días aparece el sol sin que nadie lo llame. Aquí se eterniza un minuto con tal que nadie lo siga. ¿Qué te apetece? Un sorbo de café a pleno mediodía, o la clara y melancólica sonata de la tarde? Un rebaño de ovejas blancas para conciliar el sueño, o un metálico rock de sobresalto? Qué te apetece? Un libro? Un reloj de arena pesada? Una canción recién escrita? Qué te apetece? El agua bendita de purificar las culpas? El añejo licor que dirige el trasbordo de las penas?  Te apetece el olor de un buen incienso de mirra? Una espantada estrella?.

Si nadie repara en los espacios perdidos, de nada vale esperar  su redención. No sé si una nota musical, extraviada del piano de un artista, alcanzará la extendida metáfora de los ángeles y su famoso silencio. Fuerza vital de los opuestos; música y silencio a dónde irán; un lápiz ultrajado lo mencionará en una servilleta olvidada en un estante. Quién lo notará; advertirá alguien el atraso de las horas y lo incongruente del tiempo que no encaja en las sepulturas?. Oigo la angustiante entonación de los difuntos, miro el cortejo de las flores, el bullicio murmurante de las lágrimas. Por cuáles surcos de la vida transita la historia; qué sol tu frente azota? en cuál espacio anida tu fantasía. Traedla a mis pies.

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