NOCHE TRES

Alguien silenció la imagen en los espejos frente al secreto golpe de los minuteros.
voló tu nombre iluminando la noche,
la culpa fue de una baraja descuidada en manos de un dios travieso y falto de memoria.
 
Cuántas veces triturado el hueso,
historia repetida saltando de bocas en vasos,
el murmullo de las olas a lo lejos orillando la noche puerto...
toda la flama del vino entibiando los pasos y el reino de los noctámbulos.
 
Pude ver tus ojos entre el humo,
la música  germinando en tus pupilas... germinando entre misterios.
Así se nos ancló la noche y pobló de caricias la botella
buscando al genio que habita en los cristales.
 
Sucede que a veces soy viento fracturado,
una joya escondida en bolsillos de payaso,
un paso extraviado en el calendario,
la espora azul cantando olvidos bajo la noche...
Y tú llegas iluminando el espacio
a suavizar la condena de esta Penélope marcada en locuras
de seguir pulsando los hilos de pecho urgente,
con la única función de recrear ayeres,
ese versículo suspendido de ausencias,
la ebriedad en fugas de este nuevo siglo.
 
La calle seduce a mis botas y envuelta en preguntas desatadas
llego al centro de tu boca a cobrar mi factura pendiente
que dejé suspendida la noche anterior,
una llave de sol abre la puerta de este cuento lleno de naufragios,
 
lo que pasa es que la ingeniería del beso
en ocasiones se derrumba arrastrando palabras desatadas...
 
entonces nos dejamos caer en la noche horizontal
que nos entrega su ritmo ataviada de sombras y murmullos de piel.
 
Lejos,
un cardumen de borrachos despierta a los habitantes de calle Lincoyán,
ruidoso y solitario alguien recuerda con música de Chopín y de los Beatles .
 
 
La última vez acudimos con todo el gremio de la noche
a desconchar cervezas antes de iniciar los vuelos en la sangre.
Mientras los perros con su pasaporte de quiltros
revisaban tarros de basura,
más arriba, sobre los techos,
los gatos afilaban su mirada etrusca,
los roedores faenaban retazos de pan con algo de veneno,
las cenicientas ovillaban su sueño prometido
y los traficantes se confundían a la hora cero...
 
- después de media noche esta ciudad crece –
 
El sueño amarra su vendimia en fiestas, tacón y movimiento de curvas...
“soy la primavera”... explicarán los aromos.
 
Atrás dejo las puertas de otros bares que siempre ofrecen lo que ofrecen,
porque prefiero contemplar al sátiro
que hoy trae el pelo suelto y chaqueta de cuero,
que lanza sonrisa y notas sobre las cabezas del gremio,
ese que entregó su leche en alturas
mientras Rómulo y Remo fundaban un nuevo imperio de palabras al viento,
ese que soltó las amarras de su cuerpo frente al roce y amasijo de piel...
alfarería de bocas, manos y verbos...
los reflejos de la luna se deslizaban por la ventana,
mientras reinábamos como gatos anarkos,
como aquellos que no esperan agosto para incursionar techumbres ruidosas
lejos del perraje y los zapatos viejos.
 
- ese paseo en la memoria revienta fuego en mis pupilas –
 
Pronto va a amanecer,
pienso que es la hora más triste del encuentro,
amarro mis zapatos de payaso repitiendo antiguas ceremonias
del vino repartido en cucharas con algo de humo y retazos de pasión.
 
- hay tanta golondrina entumecida en mis calles –
 
Un paradero es un engaño,
las musas siempre terminan temblando en un rincón perdido de esta ciudad.
 
 
 
Este es mi respiro de recreo ardiente,
una espina de coral en abandono
sin mar ni roquerío firme,
sin musgo apegado al cuerpo.
 
 
Vuelvo a enraizar mi puño en las sienes,
soy llama disidente quemando conciencias
sin historias que contar en la hora fatal del oráculo ciego,
sin enroques hacia la izquierda o derecha,
sin papel sellado con timbres de gobiernos,
soy la que estuvo y se quedó sola urdiendo sueños con la piel dolida y temblorosa.
 
- aún me siento clandestina y engrillada –
 
Pendiente dejamos los racimos de caricias,
en la nevera guardamos la mejor sonrisa,
el almacén de la noche acomoda las horas
y tú vendrás agitando sueños en el perímetro de carnes, deseos y promesas,
esos sueños tendrán a tiempo su caja negra,
todo lo sabrás menos el recado que dejé durmiendo entre mis libros de noche...
sentencia pegada al leño
en sus raíces duermen los fuegos del mañana.
 
La sangre apura los caminos frescos,
y sin embargo todo sigue en pie para tu nombre,
todo siempre seguirá en pie para ti
hasta que huya la noche en mis espejos
y el pulso de esta mano duerma.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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