Odio la presión constante
de esta extraña lucidez que me intimida.
No puedo ignorar a la dama de negro
que acecha en cada fuente que surge de una reflexión
Pero las neblinas del ocaso no ceden
ante el reflejo de una luz tímida
pavorosa visión que me acongoja
frente al largo sendero inagotable.
Los zorros mueren muy quietos
sin ese instinto que caracteriza la presión de la tierra
madre de los héroes dormidos
Lágrimas de dioses culpables ahogan el fuego
de una zona ignorada del pensamiento
Cansancio que se repite igual que la noche
como el asesino tras el indicio de la víctima
que irrumpirá desbordando un nuevo destino
No No quiero verme correr tras los reflejos del deseo
Inútilmente apresurando el desengaño
Sólo intento conocer los pasos muertos
de las aves taciturnas, los paisajes desconocidos
que honran mi memoria, los sueños negados
la extraña quietud de los árboles nacidos
bajo el sino milagroso de un corazón enardecido
Piedad por mis lágrimas perdidas...
Por aquellos tristes caminos
que los sueños no pudieron borrar.
No quiero verme morir cada tarde
acuchillado por un pensamiento
Sólo intento descifrar la visión del corazón primero
oculto al pie de la montaña.
|
Imprimir |
Enviar poema |
