Niño de sol, niña de lluvia se han encontrado. Van descubriendo que se parecen hasta el hartazgo. Cargan con ellos bellas sonrisas y desamores que han causado en su camino mil sin sabores.
Entre sus manos han descubierto que la ternura es como un hilo, fino sedal, brillo de luna. Y aunque a veces a simple vista se resquebraje sigue presente cual si viviera en el follaje.
Aunque se alejen, y no resuenen juntos sus pasos el pensamiento sigue fluyendo en su regazo. Juegan y juegan a seducirse como si fueran:
Ella princesa y el su príncipe, de las praderas. Le acicala blancos cabellos con peine de oro. El en su vida es seducción ,es su dulce, su tesoro.