


| Escritor: | Cayetana |
| Públicado: | 03/09/2008 |
Mis pupilas sedientas de su mirada
taladraron el muro de piedra negra
que nos separba.
Y no la encontraron
en aquella cáscara
de adolescente adormilada...
Aquella niña que queria ser bailarina
se escondió de mi, al doblar la esquina.
Asustada, amparada;
entraba en una placenta acorazada.
Quise llenarla de amor, de luz...
y no pude sentir nada.
La tristeza esperó paciente
hasta hallarme a solas... y de repente
estallaron las lágrimas
de un hondo dolor, abonado
por cuatro años de silendio obligado.
Solo descubrí
que ya no me queda ni rabia
ni odio, ni rencor
ni resentimiento ni temor.
Me di cuenta que el duelo terminó
para dar paso
a una gran liberación.
21 de febrero del 2008
|
Imprimir |
Enviar poema |


