NATIVIDAD
Tomando como referencia histórica
el nacimiento del mesías
el cual es catalogado así
por la masa ignorante y eufórica,
demarcado por el solsticio de invierno.
Constantino aún se burla del vulgo,
pues éste aún cree en un Infierno.
Mitra, el dios persa luminoso,
se indigna, se ofusca, se turba;
los cristianos usurparon su trono,
plagiaron ritos, cambiaron fechas.
¿Es aún el ser humano tan imbécil
como para creer en patrañas maltrechas?
El arco del homo religiosus se tensa,
dispara mentiras, envenenadas flechas.
También Buda ha sido burlado,
Krishna, Horus, Hércules y Dioniso;
todos ellos nacieron divinos
un veinticinco de diciembre.
¡Infame Constantino, cobarde, ladino!
Convocaste a un concilio en Nicea
en trescientos veinticinco
para elevar a deidad tu artera idea.
La cabra Amaltea viene a mi mente,
amamanta a Zeus, lo cobija en su regazo,
con este suceso nace aquel solsticio
al ser colocada por su agradecido hijo
en la constelación de Capricornio.
Pero es lógico, el vulgo es terco y reacio
a conocer el origen de
los Trópicos del orbe aún le suenan a mito.
Qué más mitificado que una profecía, una estrella,
tres reyes y una virgen pariendo un mesías;
qué fácil se ignora un sincretismo, una conjunción,
tres sacerdotes persas y un alumbramiento inusual,
pero no único ni celestial.
Con cuánta algarabía se cree en los cuentos
cuando se es niño, púber o ignorante;
Pablo o Constantino, ¿quién es más farsante?
Desde las fiestas Saturnales en Roma,
desde el Sol Invictus Mitra Deva,
la diáspora armenia, el monte Aerópago,
se viene pervirtiendo la razón, la verdad,
aquella que nos remonta al Jom Kippur
como la oveja negra de
Los amantes de cuentos tienen oídos,
mas sólo oyen la borrasca de su oquedad.
Porque el mercadeo ha hecho de las suyas
al transubstanciar sucesos y personajes inicuos;
Jesús nació en Tishrei, un mes hebreo,
cuyo calendario lunisolar desconcierta a muchos,
no habló en griego sino en arameo
de vez en cuando utilizó léxico caldeo,
y estuvo casado para ostentar títulos rabínicos.
Si de herejía me acusan, invoquen a Ireneo.
El nazareno no fue divino, mas si renaciera
y regresara a
exhalaría un quejido nauseabundo
por toda esta patraña urdida en su nombre;
la historia del mundo la escribió el hombre,
de verdades negras orladas de mentiras blancas.
Lee tu Biblia, vulgo pueril, y que no te asombre.
Pero léela en su conjunto, con sus libros ocultos;
léela con ojos de adulto
Tu Natividad no es más que un triste exabrupto.
Carlos Aurelio Díaz Enciso
|
Imprimir |
Enviar poema |
