Myriam

Miraba por la ventana absorta en sus pensamientos. Nunca antes le había quedado tanto tiempo para sí misma; eran las 2 de la tarde, Julián había salido muy temprano en la mañana, Any y Vicente comenzaban hoy una nueva etapa de sus vidas, ya eran universitarios y la vida familiar estaba sujeta a drásticos cambios comenzando por la autonomía de entradas y salidas que en ningún momento favorecía el hábito de Myriam.
Mujer espiritual y siempre dedicada a sus funciones de ama de casa. Nunca antes le importó la soledad, su apariencia, su vestido, ni la frágil figura que parecía ahora tener, (aunque nunca se lo cuestionó).
Se daba cuenta de lo desconocido que era el mundo para ella allí afuera. No sabía que enfrente de su casa se plantaran árboles frondosos, erguidos, imponentes con sus traje de gala velando el sendero que seguramente conducía a un mágico castillo. Se sonrojó de pronto al mirarse distraídamente en el vidrio del ventanal, no era una niña , pero sí una mujer joven , ojos color almendra , cabello castaño ondulado , recogido sobre la nuca que realzaba su tez blanca salpicada por la gracia y la coquetería de unas cuantas pecas sobre su nariz perfectamente delineada, labios gruesos húmedos que nunca pintaba y sobre los cuales se dibujaba siempre una maravillosa sonrisa.
Ahora podría salir donde una amiga, jugar cartas, ir al cine, ó quizás -miró sus manos- pálidas, muy delgadas, dedos largos, uñas recortadas al ras, tan sólo con el brillo natural que le daban una apariencia simple pero segura. Eso es, (pensó) pasaré por la peluquería y me las arreglaré, a Julián seguramente le gustará.
Sabía tan poco de sí misma no solía tomar una decisión por lo que le gustara, sino por lo que a su marido le pudiera parecer.
Tenía amigas, estaba segura, pero hacía mucho tiempo que no sabía de ellas, la última vez que la invitaron hacía trece años, para celebrar los 15 años de egresadas del colegio. Festejo al cual no pudo asistir, Vicente estaba con varicela y no podía dejarlo solo.
Tomó la agenda de un siglo atrás en la que anotaba las recetas de cocina, emplastos, citas médicas, mensajes para cada uno de los miembros de su familia y una que otra fecha para sí. Pasó despacio cada hoja pero no encontró nada que le hiciera referencia a lo que buscaba, tal vez llamando a información le darían algún teléfono -pensó- corría el tiempo tratando de planear algo para utilizar su tiempo libre, iba de un lado para otro y nada se le ocurría.
Decidió al fin arreglar la biblioteca, bajaría todos los libros y así estaría ocupada hasta el anochecer hora en que la familia llegaría a casa.
No permanecía mucho tiempo en aquel lugar, por eso hoy le parecía muy grande, pocas veces fijaba sus ojos en los inmensos estantes repletos de libros, los notaba sí pero apenas los veía, sólo el vaivén del plumero podía predecir el número de aquellos. No recordaba desde cuando habían llegado allí, pero estaba segura que formaban parte de su historia con Julián, siempre leyendo uno, comentando otro.
Se sentó en una butaca de cuero cerca al gran escritorio de madera tallada, pieza principal del estudio, apenas si reparó en él, su atención se centró en las fotografías que reposaban allí, enmarcadas con gusto y ordenadas secuencialmente.
Para MYRYAM constituían un homenaje al tiempo, a la distancia, al amor, podía identificarse con cada una de ellas, se trataba de episodios vividos a lo largo de su relación con Julián, le parecía extraño cada sentimiento que le despertaban aquellos trozos de papel. Finalmente se hizo la pregunta ¿dónde había estado todos estos años?
Tenía que apropiarse de la situación, no podía seguir esperando. Debería empezar a actuar por sí misma -pensó- quería abarcar todo con la mirada sentía que debía salir corriendo y meterse en ese interior que cada vez más le gritaba lo desconocida que era para sí misma.
Se paró de pronto y fijó, sus ojos en el ordenador que era totalmente desconocido para ella, nunca se había preocupado por otra cosa que no fuera su familia, la que hasta hace unos días la necesitaba. Se sentó como una autómata, pretendía descorrer el velo del misterioso aparato que tantas noches sujetaba a Julián hasta el amanecer.
Se veía hermosa en actitud de espera, esa frágil figura casi diminuta ante la gigantesca pantalla que se la antojaba como una fantástica casona encantada, arrugaba el entrecejo y trataba de reproducir los pasos encontrados en el manual, que reposaba en la mesa.
Era inteligente, sabía que de alguna manera encontraría el modo de hacerlo funcionar , pasaba cada dedo sobre el teclado e iba reproduciendo las indicaciones, por fin estaba encendido y en el monitor se encontraban los pasos que debía dar, sintió un poco de temor, podría dañar algo importante y no la entenderían. Los minutos siguientes fueron largos hasta que asumió su papel de cibernauta y deslizó sus dedos suavemente para entrar en contacto con el mundo nuevo, que recién comenzaba a vislumbrar.
Actualizaba cada orden, y daba inicio a una mágica experiencia , pedían demasiadas cosas, era cierto que todo estaba dado para ir desarrollándolo paso a paso, pero se volvió lenta y casi torpe, cuando se preguntó para que quería aquello ...de inmediato dejó caer sus manos sobre el regazo, sus ojos se entornaron y se estremecieron al escuchar en el silencio de aquel cuarto el latido de su corazón... existo pensó, y con arrojo abrió la ventana ubicada al lado izquierdo del servidor que daba al poblado sendero de árboles e hinojos floreciendo en primavera.
Tontería le llamaran algunos, osadía otros, falta de respeto, infidelidad , qué sé yo , pero esa sencilla mujer, le llamaba compañía le había devuelto el misterioso encanto a lo desconocido, la magia a lo mítico, la dulzura a lo imposible y lo más sensato, la sonrisa a la mujer que habitaba allí dentro. Una especie de locura, de deliciosa insensatez, de lo absurdo y lo humano, de lo ético y lo divino, pretendiendo construir un mundo propio, que guardaría bajo llave, para compensar su existencia, mientras pudiera ...
Amanecía , la cita estaba puesta, no regalaba ni un minuto de su tiempo, lo VIVIA...
No importa la computadora .Lo que importa,es todo lo que hace una madre por su familia.
Un abrazo y un beso.
me hiciste recordar una historia antigua, que me abrió la puertas a un mundo nuevo, donde así como miriam encontré mi propio espacio...Siempre tu pluma laza el vuelo con inusitada originalidad, no podría haberlo escrito sino alguien como tú...
be bj
Muy buena historia. Me parece estar viéndola a Myriam, joven aún, pero sola y madura.
Al fin se decidió o tal vez siempre estuvo decidida. La vida empieza por esa sencillez que tanto nos gusta complicar. Excelente relato. ¿Y qué se hizo? no yo, ute?
Muy lindo. Elocuente, tienes mucha facilidad para desarroyar relatos. Que bueno que exista gente así.
Enhorabuena
Me senti muy identificada. Nunca arme citas ni nada por el estilo, sin embargo, mas de una vez cambie una soledad por otra e hice de la computadora el centro de mi día. Buen texto.Cariños. Adriana
Suele pasar, la persona que se dedica a su casa olvidándose de si misma, aunque parezca mentira difícilmente pueda cambiar su estilo de vida y es muy probable que salga de un encierro para meterse en otro.
Tanto vacío, eso me deja.
El personaje encuentra en la comodidad del encierro la prolongación de su vida.
Toda una vida dedicada a las labores de casa, a los hijos, al marido, para culminar una esclavitud auto impuesta.
Hermoso relato, donde se reflejan muchas mujeres.
Muy interasante esta situacion que de verdad se sucede a cada rato. Felicitaciones.