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Cuando el alma desfallece
y los sentidos no gozan
cuesta abajo van los sueños
y el corazón se invalida
cuatro notas bien unidas
nos amanecen sonrisas
con un tango o un bolero
las lágrimas son más ricas
tienen el sabor de miel
de ese amor que se ha perdido.
Los difuntos resucitan
y danzan los amargados
las vecinas tararean
las muñecas bambolean
los caballeros de traje
desprenden su portafolio
arrojándolo sin culpa
al medio de la avenida.
Adolescentes de piel
de manzana y caramelo
bambolean las caderas
al son de salsa sabrosa.
Con un tango bien canyengue
renacen los jubilados
enredados dos por cuatro,
los ochos se multiplican
y hasta la rubia Mireya
vuelve a la Boca de noche.
Los muchachos del café
recuerdan el tiempo ido
de ese rock de antología
con pelo largo y la barba,
trasgresora y perseguida.
Las soñadoras se inspiran
con acordes de un adagio,
los escritores producen
rimas de todos colores
se enamoran los poetas
llegó el tiempo del sonido
música, puente infinito
que nos cruza sin engaños
a la orilla del desahogo
de la luna y de la risa.
Lili Frezza
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