La noche me invita nuevamente a existir en su
morada; mientras la
Luna surca galopante por los mares celestiales.
Camino taciturno entre los bosques del pensamiento; y las lagunas de
tu ausencia florecen en mi corazón.
Aún recuerdo con nostalgia cuantas veces te he soñado conmigo; y
aunque corro sediento por las calles, se que no te encontraré.
Dime tú; dama reluciente de los mantos negriazules: donde estará esa
niña de éter cristalino que se aferra a mí vivir?
O acaso es tan solo la sombra fría de tu reflejo en mi memoria?
Aquella a la que suelo llamarle: Mujer.