Abre tus ojos y mírame,
como mirase la amada a su amante,
pues se mira mirando
y es tan solo amando que se ama,
si es de amor que hablamos
mirame,
y sabrás cuanto añoro tu mirada.
Abre tus ojos y mírame,
permiteme mirarme en tu mirada,
que pueda yo bañarme en el sosiego
de la miel que es el color de tu mirar,
que descubra de una vez ese secreto
de esos esquivos ojos traicionero
y pueda gritar aquí en mis cantos
que se entere el mundo entero
¡Lo que esconde tu mirada no es el llanto!
Abre tus ojos y mírame
no como se mira cualquier cosa,
mírame como se mira mirando,
No de soslayo, así no se mira,
pues me parece que birlo tu mirada.
Como has decidido no mirarme
trágico veredicto que respeto,
compasión pido para este condenado,
que no espera perdón,
tan solo una mirada que lo mire
de esos ojos esquivos traicioneros
y luego de esto
aunque este sueño de amor no haya sido
sentiré mi alma equilibrada
pudiendo detener sin esfuerzo alguno
el latir de este malquerido corazón
ya sin penas, sin dolor,
como quien muere complacido.
Y cuando el de amor condenado
exhale su vida en un suspiro
espero oh Dios, que te apiades y acongojes
para que aceptes mi última voluntad
que más bien es un delirio,
ya no pido tu mirada siempre esquiva,
ya no ruego por redimir mis sentimientos,
esconde tu mirar ya eso no importa
y a pesar que de pensarlo me sonrojo,
solo te imploro en un lamento
que mis mortales y flácidos despojos
sean enterrados en profunda fosa,
cavada en tu pupila siempre esquiva.
|
Imprimir |
Enviar poema |
