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Porque con su mano en la mía
el mundo me pertenecía
y mis pasos en las calles
repiqueteaban "te amos".
Y cuando el frío arreciaba
sus manos de dedos gruesos
me calentaban las pieles
con caricias de algodón.
Porque fue mago y artífice
de pecaminosas noches
tirando por el balcón
moralinas y preceptos,
nos burlábamos del tiempo
del desamor y las penas
comprábamos fantasías
en kioscos de colores
que iban del rojo hasta el negro,
desde el no debo hasta quiero,
qué no me importa si es bueno.
Con sus frases de burdel
me encendía hasta quemarme
me disfrazaba de noche
paseándome por lugares
prohibidos por los mayores,
espantando a las damitas
de las ventanas de enfrente
aburridas de las clases
de corte y confección.
Porque era tan bello
como puede ser un hombre,
mío, altanero y precioso
diamante pulido
de dientes de piano
hambrienta bocaza
carcajada insolente
mordisco dañino
tacto de felino.
Porque lo amé hasta estrujarme
el corazón de delirio
me penetró los oscuros
recovecos de mi alma
adivinando el sentido
de las frases que no dije
nuestro lenguaje de amantes
era un perfecto equilibrio
entre lujuria y ternura,
completitud,
inacabable sed
de bebernos despacito
revolcándonos de dicha
en el pasto y en la arena.
No hubo lugar en la tierra
que nuestro amor no gozara
recorrimos continentes,
la vergüenza se murió
y desterramos prejuicios
entre sábanas de seda
hasta colmar los océanos
escalando las montañas
más altas del Universo.
No hubo lugar que no viera
ni gente que no supiera
que vos y yo
nos mezclamos
en la magnífica danza,
cuerpo y espíritu juntos
inaccesible milagro
que sólo pocos conocen.
Lili Frezza
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