Ojala te pudiera transportar como las ondas de radio, como los rayos del sol, como la luz misma. Que cerraras los ojos y en un instante sutil aparecería agarrado de tu mano para que no se cayeran las mías.
Y poner mi barbilla en tu hombro, para oler tu perfume de piel canela y besarte la dermis despacio, suave, con besos racionados para que no se me acaben nunca.
Y con mis dedos al son de hormiguitas trabajadoras, acariciarte con unas puntas repletas de huellas digitales.
Besar tu orejilla sobresaliente seductora y rezarte versos sutiles de palabras cautivadoras.
Pero eso solo son los entrantes de un festín tibio. Donde mis manos arremeten como ángeles alados, sobre tu cuerpo de reina de los sentimientos.
Dejas caer un suspiro recién hecho y lo agarro al vuelo con mis manos, -¡Diooos!- me quemo los dedos está ardiendo y desolado. Le doy viajes de una mano a otra mano mientras lo voy soplando, pero ya la tristeza no le duele porque con mi boca me lo como. Dentro de mi pecho tengo sus hermanitos para que jueguen a un son, ritmo bendito del amor eterno.
Canción que sale de tu boca que a golpe de aire bendecido hasta la mía me transportas. Y así con esta cadena de argollas de alientos expirados, revolotean juguetones acariciando el cielo de tu boca y el paladar de la mía. Sugerentes, dulces y achocolatados mis ojos se cierran para deleite de mis sentidos. Ya locos y extasiados con la última explosión del cenit final, me caigo de rodillas agarrado a tus piernas para sentir el latir de tus rodillas.
Las que beso con la devoción de un peregrino exhausto de recorrer mil caminos para encontrarme frente a ti, esfinge de mis deseos, imagen que los dioses me regalan con cincelada belleza, -esculpida en tu rostro.-
Al final pongo mi mano derecha en tu pecho que es mío, para que mi mano respire con tus jadeos más íntimos, formando la dualidad mística del amor eterno.
![]()
|
Imprimir |
Enviar poema |
