


| Escritor: | Rahxephon |
| Públicado: | 23/08/2008 |
A veces desearía estar confundiendo los
sueños con la realidad y que esto no sea más que un simple sueño
Pero creo que
los sueños no puedes sentirlos de esta manera tan pasional. Otra vez me pierdo
en la dulce condena de sus labios prohibidos, los cuales siento tan intensos
sobre mi piel, como un sueño jamás podría. Conozco los límites de la piedad de
su alma, ese límite soy yo.
¿Que es morir sino un sueño eterno? Quiero
morir, pero quiero que sea mi muerte una salida. Él es tan cruel y despiadado.
Me obliga a verlo, a mirarle por horas sin entender que es lo que me pasa. ¿Porqué
mi corazón va tan deprisa y tan despacio? Sin lágrimas pero con dolor otra vez
estoy deseando más, más profundidad en esos fogosos y avasallantes besos, besos
que me da sin posar sus labios en los míos. Un beso y tal vez la caricia de su
mirada tierna, protectora, que me hace sentir tan completa, tan llena.
Sin más que discutirle a mi conciencia, abro
esa puerta y me encuentro con sus ojos amielados. Arrancara toda razón de mi
piel y me destrozara el alma con afilados colmillos para luego dejarme caer al
infierno, donde pertenezco por esta pérdida de juicio. Como lo deseo, como
deseo ser juzgada por mis demonios, como deseo que sean sus manos que quemen mi
piel. Cargo un remordimiento terrible, pero puedo olvidarlo, lo olvido al
instante en que me posee, tan fiero, tan salvaje como siempre, grabando su
aroma a mi frágil cuerpo, dañando cada palmo de piel que me cubre con tan solo
dejar escapar su aliento sobre ella, mefítico ser.
Sus manos me tomaron con dulzura, susurro
que todo estaría bien
y caí, como una ingenua mariposa en la red. Mi pecho reposo sobre
las sedosas sabanas blancas, mis muñecas fueron sujetadas sobre la almohada
encima de mi cabeza por una mano mas fuerte, su pecho sobre mi espalda húmeda...
placer, calor, mareos, dolor
Un punto que jamás pensé que podría llegar a
tocar jamás. Ese cielo, ese paraíso de sensaciones. Toque las estrellas
odiándome a mi misma por no negarle algo tan sagrado a quien no merece nada
Despertó alterada y agitada. El sudor frió, causa quizás de alguna pesadilla, humedecía su pálida piel que desnuda descansaba sobre la blanca superficie de la cama. El cuerpo le dolía, se sentía cansada. Miro a ambos lados, como si estuviese buscando algo perdido, o esperando confirmar si su soledad era cierta. Lo único que visualizó fue una nota en la mesa de luz. Se sentó y se estiro hasta alcanzarla. La abrió suspiró mientras una lágrima rodaba por su mejilla.
¿Volveré a verte cuando el sueño te acune?
Sonrió cubriéndose el rostro humedecido por las lágrimas.
Solo cuando encuentre el valor dormiré por siempre, hasta entonces solo la noche será nuestra fiel testigo. Eso fue un si mi amor, un eterno si.
Hasta que la muerte se muera de rabia por no poder separarnos
¿Estuvo bueno?
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