El hambre puede ocultarse en los pliegues del sueño. Tus ojosse han desbocado escupiendo los años de abandono, eternidad senil que dobla tu espinazo preñando a los huesos de dolor. Hoyhe visto, sobrecogido; la vida te sigue golpeando con rencor por más que te escondas enlos callos de tus dedos. Quise abrazarte hermano y compartir en abundancia mipobreza, para que bebieras en mi taza elagua perfumada con anís.
Decidido, salí a buscar
loscallos de tu vida para abrumarte en mi pecho; apretujarte, sin conocerte; y,cuando alcé en mis brazos tu desventura solo tus recuerdos encontré. ¡Quétardellegué!¡Qué tarde! Los panes con tu nombre rodaronporlacalle y al instante el infortunio los devoró, ajenoa tuhambrecotidiana a tus ojos de letargo, a tusmúsculosde hueso. ¡Quétarde llegué para abrazarte...! HERMANO ¡Quétarde!
Cuantas veces hacemos las cosas tarde, cuantas veces somos indiferentes, insensibles.
Tu poema es un alto en el camino y ver realmente las cosas importantes.
Muy bueno y bien escrito tu poema.
Te mando muchos besitos amigo.