


| Escritor: | juan |
| Públicado: | 24/09/2009 |
Rosa del sueño atormentado, rara vez perturbada
por los guardianes de la frontera roja,
ojo de víbora en la tregua que precede a la tormenta.
Se acumula el tedio cuando el vigilante de los caminos
rasga su vestidura iluminando la noche síquica,
abriendo un nuevo sendero a los espectros desdichados.
No sé
Los perros siguen ladrando, pidiendo venganza
No presumo de la torpe lucidez del sabio renegado,
cuyos ojos aviesos se ocultan en este marco de tinieblas
No sé si viviré lo suficiente en esta tierra de duendes
para ver la luna caer a mis pies rogando un poco de amor,
un poco de esa saliva ardiente reclamada
por la boca de los santos,
ahítos de tiempo postergando la lujuria
que como sierpe asustadiza se alimenta del ocio de las ménades.Contaminados de una imperiosa necesidad de odiar.
Ojos aviesos que no se muestran en los cristales
que aún insisten en prevenir su caída.Las hojas van muriendo
El aire ya no es reflejo de esas mentes de antaño,
ignoradas, proclives a la especulación
nacida de quién sabe qué remota obsesión.
El prisionero se esfuma en la silueta del chacal.
La mujer ya no es refugio del hijo pródigo
cuando busca la postrer venganza
extraña ironía que no conduce sino
a la búsqueda implacable por los estrechos senderos del sueño.
Las almas encadenan su angustia mientras
van en tropel mitigando el ansia de los perros silenciosos
que nunca vieron caer una estrella.Viejas damas presas del recuerdo
se encadenan en el torpe vaivén de las máquinas.
Un pensamiento al azar apenas puede sostener
la infantil presencia de los jóvenes durmientes.
Se disipa el cansancio, la melancolía, y toda la arrogante
presunción de sueños exaltados
en los bosques donde mora la razón desencadenada
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