No necesito palabras dulces,
caricias o abrazos disimulados;
no necesito ternura, afecto,
ni coronar de sueños mis proyectos.
No necesito que me quieran
porque nadie quiere en verdad;
no necesito un cobarde sentimiento
para gritar al viento lo que siento.
No necesito ser un eterno púber
que se cree adulto por momentos;
no necesito la quimera amoril,
ni arrastrarme cual miserable reptil
en busca de algún complemento.
No necesito el exabrupto hormonal
ni aquella lascivia maquinal
que lo entrega todo por su equivalente.
No necesito de un ser doliente,
un enclenque racional, absurdo,
que gimotea en busca de correspondencia,
de lástima, de abrigo paternal.
No necesito siquiera un intelectual
que remeda y defiende teorías muertas;
no necesito tocar la puerta
de corazones hastiados de miel grumosa.
No necesito una religión,
ni convertirme en un perropeón
que ladra cuando el amo aplaude.
No necesito mentiras ni fraudes,
no necesito llorar como idiota
derramando represiones en cada gota.
No necesito lo inservible del mundo
ni lo falaz de la vida
para erigir a mis anchas
una personalidad robusta;
reinarme a mí mismo no me asusta.
Sin embargo, seré aún más riguroso:
lo que en verdad necesito
es que se extinga y muera
todo aquello que no necesito,
desde mi centro y hacia fuera.
Carlos Aurelio Díaz Enciso
|
Imprimir |
Enviar poema |
