El Alma viaja a través de las décadas,
alquilando cuerpos sin pagar expensas.
Se fuga una mañana, y solo un legado,
sábanas revueltas y pañuelos mojados.
Desafinan las almohadas,
vuela el polvo, de las flores,
los aromas se materializan en roces,
las plumas de los gansos
ya no suavizan los sueños.
El Alma emigra, otra vez
(ya no es septiembre de golondrinas)
congelando cadáveres, que cuelgan de los hilos
que siempre están a punto de cortar.
Todo ocurre más allá de mil muertes,
hasta que encuentre el envase adecuado
y ahi es, donde dará el primer llanto
¿En qué década?
¿En esta vida?
Trivialidad!!
Quisiera el destino ese llanto de vida
trine con el llanto del Alma mía,
esa fusión de sollosos
inundará al Alma de Felicidad,
no habrá cuentas que saldar
ni cuerpos que habitar,
solo peldaños, livianos de escalar.
Pero cuidado al llegar a la cima,
que, a veces
por mas roma,
te apuñala igual.
SNM
LAURIS
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